'Chris Cornell', Chris Cornell (2018)
- Marco
- 4 oct 2020
- 2 Min. de lectura

Comenzar a redactar esta entrada me pone triste. Haciéndolo mientras veo el cover de 'Nothing Compares 2 U' no está ayudando demasiado. Puede que sea el ensayo más personal que he decidido escribir desde que comencé este blog. Tanto así, que la parte musical deja de ser protagonista.
Hace unas semanas, vi de casualidad el disco tributo a Chris Cornell en venta. Lo único que pasó por mi mente fue que no podía soportar la idea de que, en un futuro no muy lejano, conseguir esta versión especial fuese solamente un suspiro soltado cada vez que escuchara Temple Of The Dog, Soundgarden, Audioslave o alguna de sus obras solistas.
Cuando comencé a analizarlo, no podía encontrar una razón clara por la cual mi tristeza por su muerte me sigue afectando tanto. Si bien la muerte de artistas como Prince me entristecen a gran escala, es difícil que me sienta mal cuando estoy escuchando 'When Doves Cry' o 'Raspberry Beret'. Con Chris Cornell me impacta como una bala incluso solo con tararear alguna canción.
Luego de hacer esa comparación recordé que a veces me gusta confortarme diciéndome que al menos tuvo la suerte de poder decidir cuándo morir, independientemente de las razones que lo llevaron a ese punto. Habiendo experimentado de primera mano la oscuridad de la depresión, la mayor parte de mí se siente estúpida y culpable por si quiera racionalizar el suicidio de uno de mis artistas favoritos.

Fue entonces cuando me di cuenta de la razón: la muerte Chris Cornell fue la manifestación terrenal de mi romanticismo con el suicidio y su legado consecuente. Un acto con el que comparto hasta el día de hoy una relación estrecha, sin importar la cantidad de luz que exista a mi alrededor. No es algo que me preocupe, ni mucho menos, y que sin duda no debería preocuparlos a ustedes. Forma parte de mi vida y su presencia irónicamente me ayuda a manejarla.
Nunca olvidaré una conversación a mediados de 2019 con mi psicóloga de aquel entonces en la que, por primera vez en mi vida, compartí con una profesional mi vínculo con el suicidio. Me gustaría recordar sus palabras exactas, pero en esencia me dijo que el simple hecho de mantener esa idealización con el suicidio hace que no lo vaya a cometer. De alguna manera, la única forma de controlar mi sanidad mental en ese sentido es abrazando el suicidio. Curiosamente, es lo que estoy haciendo ahora mismo.
No quiero terminar esta publicación con el discurso de "está bien no estar bien" -por muy importante que sea-. Quiero cerrar con lo especial que me parece sentir tanta conexión con alguien que sigue teniendo espacio en mi banda soñada, que tuvo la mejor voz que escuché alguna vez dentro de su género musical, y que por siempre agradeceré la posibilidad de seguir escuchándola, no importa lo triste que llegue a ponerme.
En la música y -redundantemente- en mi vida, lo bueno supera lo malo. Siempre.

Gracias, Chris.
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